Instalaciones correctas o ejemplares

En ocasiones intentamos ahorrarnos unos euros en ciertas partidas del hogar en las que resulta irrisorio que lo hagamos mientras gastamos un buen pico en otras cosas que, a priori, parecen menos importantes. Un buen ejemplo es el de aquel que se deja 150 euros, o más, en una cena romántica para dos, por todo lo alto, con otras, zamburiñas y otras delicatesen para el paladar pero luego racanea 30 euros en un presupuesto de reforma en el hogar porque lo cree demasiado elevado. El problema no es el presupuesto, el problema es cuánto creemos que vale el trabajo de los demás.

Tanto el ocio como la restauración son dos servicios que, en mayor o menor medida, son caros. Y es que por mucho que necesitemos disfrutar y distraernos el fin de semana en familia y por mucho que nos merezcamos esa comida en el restaurante de moda porque llevamos todo el mes trabajando sin parar, la realidad es que no son servicios básicos, necesarios o indispensables, y si quieres disfrutarlos has de pagar ese precio. Nosotros, como ciudadanos, lo sabemos y lo asumimos, y de vez en cuando nos damos un capricho pero luego, cuando se trata de contratar al carpintero para que nos fabrique unas literas a medida con escritorio para la habitación de nuestros hijos todo lo que nos dice nos parece caro, a pesar de que somos conscientes de que el trabajo que va a realizar lo hará a mano, con sus herramientas y dejándose la piel.

Unos familiares míos tienen una empresa de diseño e interiorismo y siempre se quejan de lo mismo: personas que ven carísimos presupuestos de 400 euros por pintar y reparar paredes cuando se dejan 700 euros en un fin de semana porque han decidido hacer una escapada. Y vamos a matizar ¿está mal que se gasten 700 euros en una escapada familiar? No, para nada. De hecho me parece muy sano que lo hagan si se lo pueden permitir pero ¿qué es más necesario, esa escapada o la reforma en casa? Pues es cuestión de valorarlo y si elijes la escapada quejarte luego de los 400 euros que te piden por pintarte la vivienda entera y arreglar imperfecciones en las paredes resulta irrisorio para muchas familias.

Ese valora el precio de lo nuevo, de las tecnologías, de lo que está de moda y se escuchan frases como “es que estos pantalones me han costado 150 euros porque son lo último de X marca” al tiempo que oyes “me parece carísimo que me quieran cobrar 150 euros por arreglarme la puerta del baño” y yo me pregunto ¿por qué? ¿Acaso crees que el material que llevan esos pantalones sí merecen esos 150 euros y el material que emplearán en la reparación de la puerta de tu baño no los merecen? ¿Acaso crees que la mano de obra de esos pantalones merecen 150 euros (que no van a ver porque ese dinero lo pagas por la firma) y la mano de obra que te va a arreglar la puerta del baño no los merecen? Y es la pescadilla que se muerde la cola.

Instaladores

Hace un año mi familia compró un aire acondicionado de muy buena marca en una gran oferta que los supermercados Carrefour llevaron a cabo en Octubre para quitarse de en medio el stock que les había quedado del verano. La máquina era una auténtica maravilla y el ofertón impresionante: máquina de aire acondicionado con instalación incluida 750 euros. Obviamente no nos lo pensamos y compramos la oferta. Con la máquina no hubieron quejas, pues iba de maravilla, silenciosa, potente y con una eficiencia energética A+++, una maravilla. Pero estábamos muy maniáticas con el hecho de que casi nunca, por no decir nunca, tiraba agua por el desagüe, algo que por la zona costera en la que vivo sabemos que pasa mucho. Un par de semanas después, cuando la humedad dio la cara, nos dimos cuenta de que la instalación del aparato estaba mal realizada y el agua en lugar de caer por el desagüe estaba cayendo hacia delante, por la propia máquina, por lo que nos había mojado todo el mueble del salón, lo había estropeado y, por supuesto, también los libros y algunos objetos que teníamos dentro.

Nadie se quería hacer cargo, hasta que mi seguro de hogar nos solventó el problema, pero ese día aprendí que aunque la máquina sea maravillosa si la instalación no es también igual de perfecta el resultado dejará mucho que desear.

Ese mismo año, pero varios meses después, pusimos aire acondicionado en las habitaciones también, y contratamos a instaladores profesionales recomendados por FENIE, Federación Nacional de Empresarios de Instalaciones de España, y no solo estamos encantados con el resultado del aire acondicionado si no con la pulcritud y lo estético que hicieron todo estos instaladores. Nada que ver con la experiencia anterior.

Y es como todo, si una persona “manitas” que es amigo o conocido tuyo te hace el favor de ayudarte a pintar una pared puede que el resultado sea satisfactorio pero cuando hablamos de instalar cierta tecnología es mejor contar con profesionales cualificados, aunque te ahorres unos euros contratando a esa empresa tan económica que te han recomendado.

Empresas con profesionales o sin ellos

Tras estas experiencias quise indagar un poco en este tema, sobre todo de cara a la posibilidad de instalar placas solares (paneles fotovoltaicos) en mi vivienda para pasarme a la electricidad limpia y me encontré con grandes profesionales como García Guirado o AmagiSolar, quienes me explicaron un poco la situación que se está viviendo ahora en nuestro país.

Por un lado encontramos a empresas con profesionales técnicos e ingenieros en ellas. Se trata de empresas cuyo equipo está totalmente cualificado y aunque son más caras merecen la pena ya que te aseguras de que no solo quien te presenta el proyecto está capacitado para realizar el trabajo sino que sus trabajadores, los “currantes”, también están formados y especializados en lo que hacen.

Por otro lado encontramos a empresas cuyos directivos, jefes de proyecto y demás son profesionales cualificados pero quienes luego realizan el trabajo en tu vivienda, ya sea una instalación o una reforma, son trabajadores sin formación cualificada a los que les han enseñado lo básico para poner esos cables, o realizar esa tarea, de forma mecánica y eso significa que  cuando algo se sale de lo común, o se presenta un imprevisto, ya no saben cómo proceder, lo que puede traer consigo muchos problemas.

Esto, lo que viene a decir, es que el trabajo profesional se paga, los conocimientos se pagan, la experiencia se paga y la especialización se paga, y si no quieres pagar nada de eso te arriesgas a que el resultado no sea el esperado, así de simple. Y lo que es más importante, o valoras el trabajo de un profesional experto pagando lo que realmente merece, no lo valoras aludiendo a la típica frase de “por poner tres cables me han soplado una pasta”.

Pero esto es como lo que me dijo una vez mi suegro. A veces, llevas el coche al taller porque hay algo que no funciona bien y por apretarte un tornillo te cobran 50 euros de “una hora de mano de obra”. Ante esto, el cliente se lleva las manos a la cabeza pero el mecánico debería contestar solo una cosa ante cualquier frase despectiva al respecto: “no me pagas 50 euros por apretarte un tornillo, me pagas 50 euros por saber qué tornillo he de apretar”.

¿Y a ti, te parece caro lo que cobran los trabajadores expertos o no?